Debate existencialista parte.54687
De nuevo esta manía de no saber como comenzar a redactar algo, pero sé que quiero escribir algo. Hay muchas cosas que siempre quiero escribir, y que luego cuando intento escribirlas salen otros temas completamente distintos a los que quería mencionar originalmente y, bueno, hágase el enredo y el enredo se hizo. La verdad es que creo que cualquiera podría preguntarse: ¿qué podría decir alguien como yo? ¿O tal vez debería decir “algo”?
Es gracioso, se supone que todo debería darme igual, reírme, seguir a la corriente… el problema es cuando la corriente definitivamente no es buena. Tal vez es porque aún pienso como pensaba hace uno, dos años. Tal vez sigo estancado en el pasado, donde estaba convencido de que las cosas estaban mejor por una u otra razón, pero de cierto tiempo hacia acá es más difícil estar aquí. Podría tragármelo, cerrar y listo, adiós Ryan, pero por otra forma (no es que crea que a alguien le importe realmente lo que yo haga) prefiero venir, armar una pataleta y dejar de tragarme tanto, aunque todo eso no sea culpa de nadie. Prefiero gritar al vacío y no en la cara de alguien, porque realmente no es culpa de nadie. Ya me fastidia quejarme puntualmente, porque no llego a nada y siento que molesto, y por tanto me molesto y ando con un humor de perros que me tiene harto.
Sí, harto, esa es la palabra.
Este es el típico e incoherente monólogo del tipo cerrado que está empeñado en que nadie lo entiende mientras todo el mundo me suelta regaños. Que si me lo estoy tomando todo demasiado a pecho. Que me calme. Que lo deje todo pasar. Que deje el fastidio.
No, no voy a dejar el fastidio. Vengo a quejarme porque me canso de tener que darme cuenta de que me he rodeado, en buena parte, de idiotas. ¡Idiotas! Gente que en el fondo acabo dándome cuenta de que no tienen ni un ápice de autenticidad y que tengo que ver como se transforman eventualmente con las estaciones. Esos que saltan de vestirse de negro por seis meses a saltar de la nada con colores de neón y cambiar sus nombres de celebridades gringas a un montón de caracteres que ni siquiera son de este alfabeto. O gente que simplemente pretende que la vida no va más allá de lo virtual y que por eso tienen que hacerse iguales a todos los que lo rodean porque son mucho más importantes, transformarse para no ser rechazados (aunque aclamen ser únicos). O gente que de la nada comienza a “amar” todo lo que dijo que odiaba. Gente que se sube los humos porque su número de seguidores supera los tres dígitos. Gente que pretende molestarse contigo y que va a capslockearte hasta la muerte.
Y luego dicen que yo soy el que no se hace entender.
Yo entiendo las ganas que tiene la gente de encajar, pero no puedo explicarme como caen en estos hoyos. Y sin embargo otra cosa que no me explico es como he logrado para lograr caerle mal a tanta gente desde que llegue hasta aquí (que si alguien se siente identificado, no tengo ni la menor idea de por qué están leyendo esto).
Otros dirán “Pero este sí que tiene agallas para hablar pero no suelta su máscara.” No. No tengo por qué soltarla porque todo lo que he visto ha sido a través de esta pantalla, no de la otra (tal vez sí, pero no tanto). Esta forma de expresión es la que ha servido para que muchos, en vez de usar una máscara, se quiten todas las otras y gente que presta atención se da cuenta de como el verdadero yo surge. Recuerdo que cuando comencé esto me pareció fácil, pero luego me di cuenta de lo peligroso que acabó siendo gracias a cómo lo usaba la gente (como lo usábamos, podría decir incluso). Al principio me planteé que esto era teatro, nada más, no es totalmente justificado que dos actores se caigan a mentiras tratando de hacer realidad a partir de una actuación de un personaje que realmente no son. Es como si yo pretendiera creerme Romeo porque me he leído la obra de Shakespeare de arriba a abajo y pensando que quien haga a Julieta va a ser el amor de mi vida. Suena más a una película utópica que a la realidad. ¿Que tal vez influya en el ánimo? Es cierto, es normal que trascienda un poco, pero se supone que la idea es separar personalidades antes de que salgamos a la calle buscando a cualquier Paris para asesinarlo, ¿no?
Tal vez me he tomado muchas cosas demasiado a pecho, pero es porque más allá de que el “mundo falso” me haya molestado, es notar como se comportaban los ‘actores’ fuera del mundo falso al tratar de emular esta realidad. Y más allá de ser falsos, comenzaron a emerger unas personalidades que traté de ignorar pero que en el fondo no pude. Fue imposible. Fue frustrante. Fue molesto. Fue terrible. Más allá del mundo falso, fue la gente falsa en el mundo real (que no todas pertenecen también al mundo falso) la que me hizo cogerle algo de rabia a todo esto. Son pocas las excepciones.
Y con esto no me refiero al hecho de pertenecer al mundo falso exclusivamente, porque ojalá fuera eso. El mundo falso puede ser divertido, me costó trabajo encontrarle el lado divertido pero poco a poco se puede. El problema es el mundo virtual en sí, que parece ser más falso que aquel que llaman falso. Es cierto lo que decían nuestros padres, esto jode la vida de muchos (aunque ellos crean que les hacen un favor). Es fácil tener una vida virtual. Es fácil conseguir que un montón de gente te adule, te quiera, te “ame”. Es fácil porque luego desapareces y te puedes deshacer de todos cuando quieras y volver a empezar y nadie sabe. El problema es… ¿hasta qué punto eso es real? ¿No es la internet el placebo más grande del mundo?
Sería una gran ironía que yo escribiera todo esto para hablar mierda de la universalidad de la internet, pero es que es imposible ver como muchos se pierden acá y no puedes hacer nada al respecto. Hay que dejarlos ir, porque si tratas de hacerles ver lo que piensas simplemente te van a ignorar, así de simple, así de fácil es la internet. Y sí, sueno como un dolido, como un estúpido dolido que pensó que iba a ser divertido tener muchos amigos virtuales, contar con ellos así sea para hablarles tonterías que crees que nadie más te entiende. Oh, vamos, qué gran error. Es fácil confiar en la gente cuando no les ves la cara, pero es difícil conocerlos de verdad. Lo crees que lo sabes todo, pero en el fondo no sabes nada. Gente que creías odiar resulta ser mil veces más agradable de lo que creías. Gente en la que confiabas resulta que simplemente no les importas en lo absoluto. Lo que quiero decir con todo esto es que sería mucho mejor dejar de hacerse ilusiones si quieren ahorrarse muchos dramas y frustraciones innecesarias.
Yo por mi parte pienso muchas cosas más, pero sé que si alguien ya leyó hasta aquí (en serio, ¿no tienen más vida que estar leyendo esto?) ya ha sido suficiente por hoy. Debo guardar mis pensamientos a ver si dentro de dos años más me alcanza para volver a escribir algo.